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Narración · 265 palabras · 2024

El pueblo

H. Artacho · Hijo del pueblo

Benamejí está en el límite de algo. Al sur queda Granada, al oeste Sevilla, al norte Córdoba. Es un pueblo que no pertenece del todo a ninguna comarca y que pertenece un poco a todas. Esa posición extraña, de frontera sin frontera, lo ha hecho siempre un lugar de paso y de encuentro.

El río Genil pasa cerca. En verano, cuando el agua baja escasa y verde, la gente se acerca a las piedras del cauce y hay algo que no ha cambiado en mucho tiempo, algo que tiene que ver con la temperatura del agua y con el olor a tomillo y con la manera en que la tarde se estira sobre los olivos.

Al pueblo se sube desde la carretera hasta la iglesia. Esa subida es, también, una manera de entender el lugar: los pueblos que suben tienen una lógica diferente a los que se extienden llanos. Los que suben guardan sus secretos en las esquinas, en los rellanos, en los callejones que se abren a derecha e izquierda sin avisar.

No voy a decir que Benamejí es precioso. Es un pueblo, con lo que eso significa: cosas que se caen y cosas que se mantienen, gente que se va y gente que se queda, memoria que se pierde y memoria que alguien, a veces, decide guardar.

Esta plataforma existe para guardar esa memoria. No toda, eso es imposible. Pero sí la suficiente para que dentro de cincuenta años alguien pueda saber cómo sonaba este lugar, cómo olía, qué gestos tenía.

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